Archivo de la etiqueta: elearning

PLE y E-portfolio

Tanto el “portafolio electrónico” como el “Entorno personal de aprendizaje” son dos conceptos que remiten al modo en que cada uno de nosotros aprendemos algo. Se trata de artefactos que ya utilizamos; sin embargo, dada la cantidad de información a la que podemos acceder y recibir, conviene tener definido y bien identificado. Por otra parte, hay muchas herramientas que ayudan a organizar esta información. Quizás la gran diferencia entre ambos es su relación con las normas establecidas en las instituciones educativas, ya sea privadas o públicas.

El portafolio electrónico nace con un problema o pregunta que se desea indagar; por esta razón, el portafolio se plantea como un proyecto a realizar en donde el producto consiste en los aprendizajes obtenidos y la solución al problema planteado, independientemente del problema.

El Entorno Personal de Aprendizaje es una respuesta a la necesidad actual de aprender a lo largo de la vida; por esto, nace con los temas de interés de cada persona en un momento dado y se van moviendo según los retos con los que se va uno enfrentando.

Así pues, un entorno Personal de Aprendizaje puede contener un conjunto de Portafolios Electrónicos. El primero en movimiento permanente, el segundo moviéndose según los retos e intereses que en cada momento va teniendo la persona propietaria de su entorno; algunos portafolios seguirán moviéndose a la par del EPA en tanto que el problema enfrentado siga creciendo.

La organización de un portafolio electrónico es sencilla: medios para acceder a la información, para procesarla, para producirla, para comunicarla y para contactar a otras personas. Estos últimos medios organizan los contactos para la consulta, la opinión o la creación conjunta.

El Entorno Personal de Aprendizaje consiste de herramientas similares que van movilizando a la persona a través de las conexiones que va adquiriendo y, sobre todo, consolidando. A través del EPA uno se va adhiriendo a conversaciones que pueden derivar en actuaciones de diversa índole. El EPA, pues, no se define por el problema a resolver, sino por sujeto construyéndose a través de lo que va aprendiendo.

El Eportafolio nace en el contexto escolar como una manera de hacer que el alumno vaya viendo su avance y reflexionando sobre su propio aprendizaje; culmina con la presentación (y comunicación pública) de lo que el alumno sabe. El EPA nace de la necesidad de aprendizaje en función de lo que cada uno va enfrentando o de sus intereses personales. El primero, por su definición, se ajusta a los esquemas de seguimiento de las instituciones educativas, el segundo rompe con estos esquemas en tanto que coloca a la persona en el centro de la actividad.

Anuncios
Etiquetado , , ,

Aprender en la red

A mediados de la década de los Setenta las universidades comenzaron a adquirir computadoras para incluirlas en los procesos de aprendizaje de los alumnos. Entonces, los estudiantes de Ingeniería y Ciencias Exactas aprendían a programar, y lo hacían de una manera que hoy llamaríamos superficial en tanto que la programación implicaba, en el mejor de los casos, un plan apenas esbozado y la escritura del programa en directo y frente al teletipo. Los programas resultantes eran difíciles de comprender y al final veíamos que lo podía utilizar el mismo programador y algunos pocos más. En los Ochenta, los sistemas operativos que presentaban una interfaz gráfica al usuario, motivaron la adquisición masiva de computadoras por parte de las universidades, lo que implicó un gran esfuerzo para ayudar a los usuarios, profesores y alumnos, a aprender a utilizar estas herramientas. Estos esfuerzos se encaminaron al aprendizaje del uso de la computadora y sus programas, particularmente la novedad que representaba el correo electrónico; con ello, nace el concepto de alfabeto informático que posteriormente se llamó digital.
Los Noventa estuvieron marcados por la World Wide Web, programas que hacían posible la navegación por la red en una interfaz gráfica, y el inicio del siglo XXI por la web2.0. La primera amplió y facilitó el acceso a la información, la segunda incrementó las posibilidades de acceso a la información a través del sistema de difusión de información actualizada (Really Simple Syndication o RSS), la comunicación entre personas a través de las redes y facilitó la producción y difusión de contenidos por cualquier usuario. Hacia finales de la primera década de este siglo se añadió la conexión móvil a través de la telefonía móvil y las redes inalámbricas.
Este movimiento nos llevó a un mundo saturado de medios, con flujos de información nunca antes imaginado y que nos hacen creer que por su mera existencia nosotros estamos conectados, de tal manera que a los artefactos le añadimos el término “social” por el simple hecho de hacer posible una comunicación de ida y vuelta: medios sociales, redes sociales, aprendizaje social; como si lo social fuera algo ya dado y que basta el artefacto para explicar y dar por sentada la conexión. Pero lo social se construye en la acción.
Bruno Latour realizó algunos estudios sociales de las Ciencia y de la Tecnología, y es desde ellos que propone retornar a los orígenes de los debates de la sociología para rescatar el proyecto científico original. La tradición desde la que habla implica pensadores críticos que han postulado la comprensión de las cosas a partir de su historia y de las interacciones o prácticas con ellas: Serres, Derridá, Foucault, Tarde, Garfinkel, Nietzsche, entre otros.
Latour asegura que social no es algo ya dado. Si asumimos que la sociedad existe como entidad que explica lo demás, nos perdemos la posibilidad de encontrar los matices. Lo social se da en las asociaciones, mismas que generan movimiento que nos liga a otros y a lo otro, humanos y no humanos. Reclama el hecho de que hemos creído que los objetos no actúan; sin embargo, da cuenta a través de sus estudios de la manera en que al interactuar con ellos hacemos cosas y nos hacen hacer cosas; y en la interiorización de ese hacer constituimos nuestra identidad, así como nuestras grupalidades: siempre en movimiento, siempre en constante reensamblaje, siempre en relación.
La “red de redes” no es sólo el conjunto de artefactos electrónicos conectados, sino una cantidad innumerable de asociaciones que actúa y nos hacen hacer cosas puesto que cada artefacto en uso hoy en día está inmerso en un sistema tecnológico que a su vez se sustenta en otros sistemas tecnológicos; pero aún así no podemos afirmar que estamos conectados, para ello hace falta ese hacer que nos devuelve de manera reflexiva lo que hacemos, lo que queremos, lo que somos, y desde donde construimos un conjunto de relaciones que dan cuenta de eso que vamos siendo.
La red ofrece cada vez más cosas. Como tecnología intelectual ofrece más de todo: información y fuentes de información, rapidez, a más distancia y con más personas; sin embargo, este más no es forzosamente mejor aunque todo indica que sí es diferente, y esto es importante porque nos hace volver a preguntarnos por las conexiones que queremos. En tanto que ambiente abierto, responde a necesidades diferentes, se adapta según las conexiones que se van creando y manteniendo; en fin, la red es un agente singular del sistema cognitivo. Por ello tiene sentido preguntarnos por los caminos posibles para participar en la red y aprender en ella. Caminos que nos ayuden a identificar las conexiones que creemos conveniente favorecer según nuestras necesidades y gustos. Por otra parte, como formadores universitarios, al emplear la red para la formación, nosotros junto con este gran artefacto (Macrobio le llamó Serres) hacemos hacer cosas a la vez que los alumnos junto con el macrobio nos hacen hacer cosas.
Tiene sentido, pues, preguntarnos por lo modos en que podemos ayudarnos y acompañar al alumno en la red para construir significado, la manera en que mejor podemos mostrar un camino o y ayudar a que vaya haciendo el suyo propio. Para esto, me parece, es de buena ayuda el Entorno Personal de Aprendizaje (PLE).

El Ambiente Personal de Aprendizaje (APA o PLE por sus siglas en inglés)

Cuando nos topamos con algún reto o problema que implica aprender algo para poder enfrentarlo, nos organizamos para identificar la información y experiencias adecuadas para ayudarnos a aprender mejor que le atañen y que nos pueden servir para manejarlo. Para ello recurrimos a diversas fuentes de información y a otras personas que saben de eso, ya sea porque lo han vivido o porque es parte de su campo profesional. En el proceso de búsqueda recopilamos información, dialogamos, preguntamos, sistematizamos, reflexionamos hasta que el objeto de estudio se hace parte de nuestro saber profesional o hasta que nos sentimos satisfechos con lo aprendido.
En un entorno saturado de medios como en que ahora vivimos cotidianamente, esta tarea puede convertirse en una inmensa ola de información en proceso caótico de desorganización que nos impedirá aprender mejor lo que estamos buscando. Para organizar la adquisición de información, ya sea a través de documentos o de las personas que consultamos y con las que dialogamos en un mundo que ha evanecido las distancias a través de esos medios, conviene construir un Ambiente Personal de Aprendizaje (PLE); Artefacto que también nos será útil para procesar esta información según nuestras necesidades.
El PLE incluye al portafolio electrónico, el artefacto diseñando para, entre otras cosas, organizar y planear el aprendizaje de algo específico en un tiempo dado. Para algunos, estos dos artefactos se van confundiendo uno en otro; sin embargo, la práctica común ha colocado al portafolio dentro del marco de las instituciones educativas y el PLE en el contexto del aprendizaje a lo largo de la vida, necesidad cotidiana en nuestros tiempos en tanto que lo que sabemos ahora o se vuelve obsoleto, incompleto o ya no es requerido frente a los nuevos problemas con que nos topamos. El PLE es un artefacto ideado para acompañarnos todo el tiempo.
El PLE es un organizador que manipula artefactos digitales para aprender, trabajar y colaborar. Es un instrumento que hace más sencillo el acceso a la red. Algunos estudiosos del tema distinguen PLE de “Personal Learning Network” en donde se incluyen explícitamente las personas con las que cada uno interactúa. Para efectos prácticos podemos hablar de un PLEN o simplemente del PLE.
A través del PLE podemos dirigir nuestros esfuerzos hacia las interacciones que nos interesan, ya sea con artefactos o con personas; también podemos dar intención a la construcción de o adscripción a agrupaciones adecuadas para nuestros intereses. Es en este sentido que el PLE resulta en un artefacto importante en la construcción de nuestra propia identidad a través del acceso a la red, la creación de conexiones, la representación de la información que expresamos, de nuestra participación y aprendizaje en la red. El PLE es, pues, un medio que posibilita nuestra participación organizada en la red según nuestras propias expectativas para aprender a lo largo de la vida.

Organización del PLE

Quizás la manera más sencilla de iniciar el PLE es pensar su organización en función de algún objetivo de aprendizaje, como si fuéramos a construir un portafolio electrónico. Para ello, claro, es importante poder decir qué me interesa aprender.
Para imaginar nuestro PLE pensemos, para empezar en el conjunto de herramientas que utilizamos (después habrá que imaginar las que queremos utilizar) de manera cotidiana para producir lo nuestro: procesador de texto, hoja de cálculo, presentaciones, fotos, videos, música, notas, calendario, correo, etcétera. Este conjunto es una parte importante de nuestro PLE y es probable que encontremos herramientas similares en la web.
El siguiente paso sería comenzar una búsqueda en la red para identificar las fuentes de información adecuadas para lo que quiero aprender: libros (GoogleDocs, Stanza, Kindle, Leqtor, Scribd,…), revistas, periódicos, blogs, buscadores (los tradicionales como Google o especializados como SCIRUS, Goshme u otros), personas, comunidades, bibliotecas, etcétera; y suscribirse a ellas a través de algún sistema de agregación que me permita recibir la información al momento que aparece sin tener que estar yendo a los diferentes sitios donde se produce. Se trata de hacer que la información que me interesa me llegue.
Algunas de las comunidades que nos encontramos mantienen su conversación a través de redes propias creadas para tal efecto, otras se construyen a través de los grandes servicios de comunicación, como twitter, FaceBook o Google+. Conviene suscribirse a alguna de estas redes para iniciar cierto tipo de contacto con algunas personas.
Todas estas herramientas se pueden agrupar en cuatro categorías: obtener información, conexiones con otras personas, herramientas de productividad o para crear, medios para compartir.
Lo que sigue es comenzar a participar en la red según las preferencias, posibilidades y gusto de cada quien. Entre las operaciones que uno lleva a cabo están la de gestionar información, con todo lo que ello implica, compartir, dialogar, colaborar, expresar ideas, apropiarse de ideas y agregar.
El PLE en la educación institucionalizada
Como hemos visto, el PLE está orientado a la participación y aprendizaje en red a lo largo de la vida. En este sentido, su organización sale de los límites, y en algunos casos se opone, del ámbito institucional. Sin embargo, estoy convencido de que para que un profesor pueda imaginar las posibilidades educativas de la red en sus procesos de formación es necesario que éste sea una persona que aprende en la red, condición que hace más fácil imaginar los diferentes modos de usar la red para proponer procesos de aprendizaje; pero, y sobre todo, me parece que esta condición hace posible que el profesor imagine modos para ayudar a sus alumnos a hacer su propio PLE y logren la autonomía suficiente para auto-gestionar su aprendizaje; así como imaginar la construcción de comunidades de aprendizaje que con el tiempo llegarán a ser comunidades de práctica. Se trata de imaginar modos de mostrar a los alumnos un camino para aprender lo que les interesa, modos diferentes de expresar lo que van aprendiendo, formas alternativas para que aprendan a verificar su aprendizaje, modos de incluir a otros implicados en el tratamiento de algunos problemas, modos de ir abriendo las fronteras del aula y de la institución.
Son todos estos, modos que nos obligan a imaginar otra configuración futura para la universidad, una universidad cuyo propósito se centra en la construcción de comunidades de aprendizaje para la convivencia aprovechando las redes para la colaboración, la construcción de significados y de prácticas saludables y productivas en la red.

Etiquetado , ,